Diario de una mujer cansada (12ª parte)
Categoría: Novelas | Fecha: 27/05/2012
Málaga, martes 7 de junio de 2011
Margarita y Luis vinieron a casa con una tarta de chocolate para María, le pusimos las once velas y le cantamos “cumpleaños feliz”. Los niños se fueron a jugar a la planta de arriba. A Nacho le dolía la cabeza y Margarita le dio un calmante. Él se sentó junto a ella en el sofá y me pidió una manta. Debe haber epidemia pues Margarita también se tapó hasta los hombros. Luis preguntó que cómo podían tener tanto frío en pleno mes de mayo, y tras tomarse una copa se levantó y dijo que se iban. Cuando bajé de llamar a su hijo, ella estaba cabizbaja y Nacho le acariciaba los hombros por detrás, supongo que le estaría agradeciendo sus atenciones. Mi vecina no se da cuenta de lo mucho que me ayuda...
He recibido un correo electrónico con la imagen de una calavera vestida de fraile que decía: “Me han disparado, ¡pero milagrosamente no me pasó nada!” Supongo que se habrán equivocado o se tratará de alguna broma macabra.
A veces siento que he perdido la cabeza, que todo lo que imaginé de Julio eran desvaríos. Tengo ganas de llamarle para aclarar si hubo algo o solo fueron imaginaciones mías.
Málaga, miércoles 8 de junio de 2011
Aquí estoy en esta explanada desierta haciendo tiempo en el coche hasta que sea la hora de mis clases. Creo que lo mejor será olvidarme de estos últimos tres meses y pensar que dentro de poco habrá acabado el curso y que no volveré a verle. Sentir esta obsesión por alguien a quien apenas he visto un rato a la semana es absurdo. Además, es muy fácil idealizarlo. Si pudiera arrancaría uno a uno sus recuerdos como si fuesen canas. Aunque quizás actúe así porque tenga algún temor, quizás el viernes iba con esa mujer de la mano para que yo le viera y reconstruya mi vida, o le dé miedo comprometerse. Tampoco creo ya que Nacho me esté investigando. Es una alegría mirar en el retrovisor y no ver ningún coche pegado detrás.
Por otro lado, era todo tan bonito que debe haber una esperanza.
Málaga, viernes 10 de junio de 2011
Hoy he vuelto a mosquearme. Julio me saludó por el pasillo levantando las cejas y se sentó detrás. A mi lado se puso un cachas aburrido de mirada neutra y le pregunté si viajaba a menudo. Me respondió que todos los viernes para ver a su hijo, que estaba interno en la residencia de Puertollano. Ya no le dirigí más la palabra segura de que mentía, un tipo así no pasa desapercibido.
“¿Y el internado queda muy lejos de la estación?”, me dijo cuando me levanté para ir a la cafetería. Me dieron ganas de llamar a Nacho para decirle que se buscara a alguien más avezado. En el pasillo me crucé con Julio.”Te veo bien”, me dijo. Imaginé que me cogía de la cintura para darme un beso y que me decía: “Ya no te dejaré sola ni para ir al baño”. Pero como esas cosas sólo ocurren en Hollywood, me atreví a preguntarle que si podía hablar con él. Se volvió con su media sonrisa. “¿Hablar? Sí. ¿Quieres tomar un café?”.
En el bar me comentó que un marroquí intentó suicidarse con somníferos en su empresa y que la conserje le pidió ayuda para mantenerle despierto mientras llegaba la policía. Ya estaba fuera de peligro. Susurrando me preguntó: “Y de qué quieres que hablemos.” Le expliqué que estaba loca por él, que sentía como una obsesión. Recuerdo cada palabra.
-De obsesivo a obsesiva: Búscate un chico Facebook - me dijo.
-Es que yo sólo quiero estar contigo.
-Te recomiendo un tipo estupendo, Marcelo Benedetti, es interesante. Llevaba años observando a su chica hasta que un día le pareció el momento más propicio para un encuentro. La siguió hasta su portal pero se le fueron las manos y ella salió corriendo.
-Dame un beso...
Se levantó de la mesa asintiendo.
-Como amigo me tendrás siempre. Podría tontear contigo, ahora sí, ahora no... Pero no quiero. Voy a darte un beso y me voy.
También recuerdo una noche que volvía a mi casa; tendría unos dieciocho años. Delante del portal había un chico con buena planta mirándome. Se acercó y me dijo: “Perdona, ¿puedo hacerte una pregunta? ¿Nos conocemos?” Me fijé en sus rasgos y le respondí que era imposible. Me preguntó que si estaba cerca de allí calle Esperanto. Levanté el brazo para indicarle y me acarició... Era él.
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Comentarios:
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Graciela - Fecha: 28/05/2012, 22:51 hs (21)
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Cómo puede ser que después de tanto este pelandrun se haga a un lado de esta forma, no si después dicen que las mujeres somos la complicadas... Ja >ja ! es tan buena la historia que lograste que opinemos como si fuera real. Eso se llama escribir bien |
Vertebrado - Fecha: 28/05/2012, 22:34 hs (19)
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Eso mismo!!..quien era?...Julio?, ya la mosqueaba cuando tenía dieciocho y ahora que ella está loca por él, no haya nada mejor que decirle "como amigo me tendrás siempre"...pero que pedazo de...!!! |
FIORELLA - Fecha: 28/05/2012, 22:26 hs (18)
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¿Que?- No entendí el último párrafo.¿quien era el chico de los dieciocho años?- era él dijiste. Bueno no importa, ya lo explicarás. Estoy muy interesada...5+ |
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