Impaciencia
Domingo otoñal en el barrio, silencio sepulcral en todos lados. El muchacho baja ansioso de su departamento con un ramo de rosas en su mano izquierda. Vestía un Jean azul que se compró para la ocasión y una camisa de algodón negra que su madre le obsequió para su cumpleaños. Caminó hasta la parada de colectivos, que quedaba a unas tres cuadras de su casa, allí acordó en encontrarse con una bella mujer que conoció por chat.
Salió de su casa tan rápido y nervioso que se olvidó el reloj algo tan importante para estos acontecimientos. El sol se escondía entre las nubes mientras él miraba el infinito con gran impaciencia deseando ver aparecer su silueta. Se la imaginaba hermosa, delgada con cabellos enrulados y con una sonrisa que enamoraría hasta un niño.
Pasaban los minutos y él empezó a caminar de un lado a otro, mirando las rosas rojas que con sus ahorros compró especialmente para ella, eligió una por una hasta formar una docena de las más lindas flores. Nadie se asomaba, todos dormían en un domingo nublado ideal para el descanso.
A unos cincuenta metros de él yacía una garita policial de donde un oficial lo miraba atentamente, pero él no se percataba de su presencia.
Siguió pasando el tiempo, sus pasos se volvieron más rápidos, parecía que esperaba una sentencia. Comenzó a apretar el ramo y a maldecir su situación, miraba a ambos lados como un ladrón que viene de cometer un delito, cada vez mas nervioso caminaba en círculos, ni siquiera pasaban autos para aunque sea preguntar que hora era.
Otro minuto mas y sin noticias de la mujer, se resignó como mosca atrapada en una tela y con muchísima bronca arrojó las rosas a la calle. Miró por última vez y se marchó.
En eso a lo lejos se ve llegar a una mujer con un hermoso vestido turquesa y con mirada ansiosa que buscaban a un hombre. Se acerca a la parada sorprendida por que no había nadie observa todo el lugar y su rostro comienza a cambiar, su sonrisa curiosa se desvanece con el correr del tiempo y sin titubear se acerca al policía de la garita.
Muy amablemente le pregunta: - Hola, disculpe oficial ¿Me podría decir que hora es?-
a lo que el hombre uniformado respondió: - Son las dos y cinco de la tarde señorita-.
Ella totalmente desilusionada le comenta: - Que pena tenía una cita con un hombre a las dos de la tarde-.
Y con esas últimas palabras se perdió entre los edificios de aquel barrio que dormía como aquellas doce rosas sobre la avenida.
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Comentarios:
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Claudy - Fecha: 01/04/2012, 12:36 hs (17)
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que triste |
Vertebrado - Fecha: 12/03/2012, 23:27 hs (22)
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Sólo 5 minutos les separaron?...muy acorde al nombre del relato. |
EUCARRIN - Fecha: 11/03/2012, 20:46 hs (20)
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Un micro con mensaje, una historia triste, un buen microrrelato. |
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